Posteado por: pacosanagu | noviembre 30, 2008

Las casas de Neruda

Cuando, mientras preparaba un viaje de dos meses por el sur de Argentina y Chile, mi amiga Jenny me preguntó qué quería ver en la zona de Santiago , le dije que sólo había dos cosas que no me quería perder: Isla Negra y el Palacio de la Moneda.

Lo que no me imaginaba era que mi primer encuentro con Pablo Neruda iba a tener lugar en Punta Arenas, más de 3.000 kilómetos al sur de la capital, cuando viajaba muy despacio hacia ella, procedente del maravilloso y desolado territorio de la isla Navarino y los canales patagónicos por los que, en un transbordador de fondo plano y proa ancha, había llegado la noche antes a la capital de la XII Región, ‘Magallanes y Antártica Chilena’.

Después de una primera mañana de toma de contacto con la ciudad, cuando había decidido buscar un sitio para comer, me encontré de frente con un restaurante vegetariano, “La Marmita”, de aspecto muy acogedor. Entré, me senté y, mientras repasaba el local con la vista esperando a que me trajeran la comida, me fijé en una pequeña pizarra de formato horizontal, colocada casi casi en el techo; en ella, escrita con tiza, como corresponde, había una pequeña poesía de Don Pablo, la oda a la sandía: “La redonda, suprema y celestial sandía/ es la fruta del árbol de la sed/ es la ballena verde del verano”.

La pizarra de "La Marmita"

La pizarra de "La Marmita"

Lo que tampoco sabía era que Neruda no sólo tenía la casa de Isla Negra, la más famosa, si no tres más, dos en Santiago y otra en Valparaíso, así que, cuando casi un mes después del encuentro con la pizarra llegué a Santiago, el primer día ya me llevó Jenny a ver una de las santiaguinas. Se trata de “La Chascona”, que fue convenientemente saqueada por los milicos después del golpe de estado: se llevaron (¡o quemaron!) muchas primeras ediciones de libros, algún cuadro de Picasso, etc.. Matilde Urrutia, con quien ya vivió en ella, fue la encargada de la restauración

Un rincón del jardin de "La Chascona"

Un rincón del jardín de "La Chascona"

La siguiente visita a una casa de Neruda, tras un par de horas de viaje en coche pasando por algunas de las comunas pobres de Santiago -Quinta Normal, Cerro Navia y Pudahuel- y previa reserva, fue a la casa de Isla Negra, la más genuinamente nerudiana. Las visitas son en grupo y, como en el resto de las casas, no está permitido hacer fotos en su interior. Al menos para mí, y a pesar de la incomodidad de verla rodeado de gente y con el tiempo muy limitado, ese lugar tenía algo mágico, algo de peregrinación también. No sólo estaban allí las tumbas del poeta y su última musa, si no que en ella había escrito algunos poemas que, leidos en mi juventud, habían exaltado mi espíritu. Situada encima de una pequeña playa rodeada de acantilados y abierta al Pacífico, su ubicación es perfecta para soñar.

La casa de Isla Negra

La casa de Isla Negra

El propio Neruda se definía a sí mismo como “cosista”, acumulador de cosas, y así sus casas -sobre todo la de Isla Negra- están llenas de botellas de vidrios de colores, máscaras, mascarones de barcos, reproducciones de barcos, cuadros de barcos, fotos de poetas, objetos comprados en medio mundo, todo un mundo abigarrado y cálido en el que el poeta, amante de la buena vida, gustaba de reunirse con sus amigos a comer y tomar tragos. A menudo, lo de los tragos se hacía en una barca varada junto a la casa ya que, temeroso del mar, decía preferir marearse en tierra que sobre las olas.

La barca para marearse en tierra

La barca para marearse en tierra

La última casa, “La Sebastiana”, la compró en 1961 en Valparaíso cuando buscaba una casita para vivir y escribir tranquilo y sus condiciones eran: “No  puede estar muy arriba ni muy abajo. Debe ser solitaria pero no en exceso. Vecinos, ojalá invisibles. No deben verse ni escucharse. Original pero no incómoda. Alada pero firme. Ni muy grande ni muy chica. Lejos de todo pero cerca de la movilización, independiente pero con comercio cerca. Además tiene que ser barata“. Fuimos a verla acompañados por Alfredo, un amigo porteño (sí, los de Valparaíso también se llaman porteños) de Jenny, quien nos ensenó la casa y la ciudad.

"La Sebastiana"

"La Sebastiana"

Situada encima de la bahía de Valparaíso, donde el azar quiso que nacieran Don Salvador Allende y su verdugo Pinochet, la vista desde sus ventanas es espectacular. En una de las habitaciones hay un poema que escribió allí, seguramente en una tarde melancólica con sonidos lejanos de sirenas de barcos saliendo de puerto: “El Océano Pacífico se salía del mapa/ No había donde ponerlo/ Era tan grande, desordenado y azul que no cabía en ninguna parte/ Por eso lo dejaron frente a mi ventana”. Tras los destrozos sufridos durante el golpe de estado, su viuda Matilde Urrutia la cerró, y no se abrió al público hasta 1992, una vez restaurada por la Fundación Pablo Neruda al regreso de la democracia.

Las tres casas visitadas tienen algo -mucho- en común: puertas pequeñas, pasadizos, corredores, techos bajos, mucha madera, diseño completamente original y personal, muchos libros, montones de objetos acumulados,…son como barcos en tierra, y no sólo por su situación privilegiada frente al mar (menos “La Chascona”). Parece que el poeta hubiera querido compensar su miedo al mar con una continua “vida a bordo”.

La peregrinación por las casas de Neruda tuvo como epílogo un terremoto, pequeño para los chilenos -6 grados en la escala Richter en el epicentro, a menos de 50 kilómetros de Valparaíso- pero bastante impresionante para un segoviano.

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Responses

  1. Muy bonito relato, sabes si hay alguna casa de Neruda visitable fuera de Chile de su época como diplomático?

    • Creo que Neruda era muy patriótico y en sus estancias en el extranjero se consideró siempre de paso. Le gustaba coleccionar cosas diversas para llevarlas de vuelta a Chile y enseñar a sus amigos. Pese a que vivió cuatro años exiliado (1949-1952) creo que no tuvo una relación emocional con sus casas de acogida. Primero estuvo en París, luego en Bélgica, Moscú, Polonia, Hungría, Checoeslovaquia, Rumania, India, China, Mongolia, Austria y Alemania Oriental.

  2. la casa de isla negra es la que me gusto mucho cosista es hermosa yo fui de paseo y me encanto

  3. […] la fascinación del viaje con el impacto de la literatura en el viajero. Algunos ejemplos de ello: Las casas de Pablo Neruda, los viajes de Cela por la Alcarria o La Mancha del Caballero de la Triste Figura creado por Miguel […]

  4. He tenido la suerte de visitar la Chascona y la Isla Negra, espero en este viaje conocer la Sebastiana.

  5. Precioso relato, querido arciprestesegoviano. Mis sentidos te agradecen tu generosa dádiva literaria que resuena en mi humana faltriquera como chasquido dormido de oceánica ola sempiterna. ¿España? Donde vivió prematuramente la tragedia política que reencontraría a las puertas de la muerte. Estoy convencido que Neruda se llevó a la tumba a su Chile del alma y cogidita de la mano siniestra a la España que le partió el corazón.

  6. Debo ampliar mi escrito del pasado 5 de agosto. Naturalmente que Pablo Neruda vivió en España, en Madrid. Neruda, íntimo amigo de Salvador Allende, mantuvo largas conversaciones con el presidente chileno asesinado para que en Chile se evitara, por todos los medios, una cruenta guerra civil. Lo que no pudieron detener fue la encarnizada represión pinochetista auspiciada por el gendarme imperialista de los Estados Unidos de Norteamérica.
    La sangrienta Guerra Civil Española se infiltró en la médula creadora de Pablo Neruda, y en 1938, en medio de la fratricida confrontación, publicó su conmovedor libro, ” ESPAÑA EN EL CORAZÓN”.
    El 5 de diciembre de 1972 PN declaraba: “Yo asistí a la Guerra Civil Española. Fue una lucha cruel y dolorosa que marcó para siempre mi vida y mi poesía”.
    El 28 de marzo de 1973 pronunció un discurso televisado para todo el país, que sería su última aparición pública, donde volvió a recordar con un dramatismo descarnado, la Guerra Civil Española, la trágica derrota de la República y la necesidad de que los mismos hechos no se repitieran en Chile.
    Para quien desee saber más les recomiendo la lectura de “Sombras sobre la Isla Negra. La misteriosa muerte de Pablo Neruda”., cuyo autor es el magnífico historiador alicantino, Mario Amorós.


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